El pasado 14 de noviembre, contra viento y marea, los estudiantes de la Universidad de Carabobo llevaron a cabo, luego de no haber podido hacerlo en los últimos diez años, la elección de sus representantes a los organismos de gobierno y cogobierno. La participación fue masiva y resultaron triunfantes las planchas encabezadas por los jóvenes opositores al oficialismo.

Sin embargo, el 27 de noviembre, mediante una cuestionada decisión jurídica, que, entre otras cosas ignoró olímpicamente la autonomía universitaria, el TSJ determinó, no la anulación de los comicios y la obligación de repetirlos, lo que de por sí hubiese sido una incontestable arbitrariedad, sino la victoria de la candidata oficialista a la Presidencia de la Federación de Centros Universitarios, no obstante haber obtenido apenas el 20 por ciento de los votos, contra el 80 por ciento de quien resultó vencedor en las urnas. Significa lo anterior que fue el TSJ el que eligió, entonces, a Jessica Bello sin importar que fue Marlon Díaz, quien resultó seleccionado en los comicios estudiantiles.

Semejante decisión reitera el que pareciera un propósito estratégico del Gobierno, el de achicar la democracia lo más posible en todos los ámbitos de la sociedad venezolana, convirtiendo cada votación, no importa el escenario, en un evento diseñado bajo condiciones que procuren el triunfo de sus candidatos, o, en el caso de una derrota, que tramiten su anulación, el desconocimiento de sus consecuencias políticas (por ejemplo nombrar “protectores” en las gobernaciones en donde triunfe un candidato contrario), mediante la intervención de algún otro organismo del poder público, el TSJ en el presente caso, pero que podría ser cualquier otro, vistas las irregularidades con las que funcionan nuestros poderes públicos.

Los días anteriores a la fecha fijada para las votaciones, no presagiaban un proceso electoral tranquilo. Discursos agresivos y numerosos actos de violencia, instigados desde el oficialismo, se sumaron a la intervención directa del propio Gobernador, con el propósito de obstaculizar de distintas maneras la realización normal del proceso, desconociendo el principio de la autonomía universitaria y buscando favorecer abiertamente, sin reparar en los medios empleados, a una de las opciones en juego.
En el día de las votaciones encapuchados armados intentaron sabotear el proceso electoral, irrumpiendo en distintas facultades con el propósito de llevarse las cajas que contenían las papeletas, agrediendo a varios grupos de estudiantes y amenazando a los testigos de mesa. Adicionalmente, estudiantes partidarios de una de las planchas que se presentaron a la FCU, nombraron una comisión electoral paralela, para que arbitrara el evento, de nuevo con visible apoyo gubernamental.

Las elecciones estudiantiles de la Universidad de Carabobo –que no se celebraban desde hace diez años– discurrieron en una atmósfera hostil, de espaldas a las normas establecidas para garantizar el voto como expresión libre de cada estudiante y la participación igualitaria de las distintas alternativas que se presentaron. Aun así, los estudiantes consiguieron, superando todas las barreras, nombrar a sus representantes a la Federación de Centros Universitario, a los Centros de Estudiantes, a los Consejos de Facultad y a los Consejos de Escuela.

En suma, fueron éstos unos comicios irregulares, marcados por el atropello oficialista. Los venezolanos tienen derecho a preguntarse si los resultados obtenidos, claramente contrarios a las aspiraciones oficialistas, serán respetados.
 

OEV, 18 de noviembre de 2108