No podía terminar bien lo que tuvo un mal comienzo. Desde que el primero de mayo de este año el presidente Maduro anunció su idea de convocar a una Asamblea Nacional Constituyente (ANC), el Observatorio Electoral Venezolano (OEV) y múltiples voces desde variados lugares y posturas, han venido señalando irregularidades, inconsistencias, improvisaciones, ilegalidades y hasta inconstitucionalidades como características del proceso que ayer domingo alcanzó su clímax. El 28 de este mismo mes el OEV en comunicado público enumeró las principales.

El CNE, que debería garantizar la pulcritud y transparencia de todo el proceso estuvo muy lejos de lograr esa meta. Muy por el contrario.
Si se contrasta el comportamiento del Poder Electoral el pasado año 2016 ante el intento de importantes sectores de la sociedad por convocar a un referendo presidencial con lo ocurrido desde el primero de mayo, se ven notorias e imperdonables diferencias. El año pasado, de manera reiterada, el CNE interpuso dificultades y obstáculos para demorar, y finalmente suspender, un derecho contemplado en el art. 72 de la constitución. Así mismo, sin mayor argumentación, decidió también, violando expresas disposiciones constitucionales, suspender las elecciones regionales pautadas para diciembre de ese año. Sin embargo, para la organización y realización de las elecciones para la ANC, el CNE demoró apenas tres meses. Para ello, como ha señalado en varias oportunidades el OEV, se saltó pasos y comprimió lapsos a fin de lograr, ahora si, esa ambiciosa meta. Pero ello, muy desafortunadamente para el país, fue hecho a costa de su prestigio y reconocimiento propio, mostrando un inocultable sesgo político que lo alejan de su deber ser y profundiza la desconfianza que en esa institución tienen sectores crecientes del electorado. Quedó así el país con la principal institución responsable de arbitrar sobre asuntos electorales severamente debilitada.

En ese contexto era de esperarse que se presentaran cifras discrepantes sobre los resultados. Discrepancias que llegan a superar los 5 millones de votos y, como se mencionó arriba, las propias acciones y omisiones del CNE minan su capacidad de zanjar confiablemente el asunto.

Estimaciones hechas con procedimientos estadísticos sofisticados, la mayoría de las encuestadoras nacionales y la percepción que pudo tener cualquier ciudadano que hubiese visto distintos centros de votación, parecen coincidir en que las cifras presentadas la noche del domingo por el CNE son abultadas. Pero aun si fuesen ciertas esas cifras, reconoce el Poder Electoral que en esa elección dejaron de participar alrededor del 60% del electorado, que es una abstención que casi triplica la de las elecciones presidenciales de 2012 y 2013.

La jornada de ayer, además, no puede describirse como pacífica. Muy lamentablemente a lo largo del día y en distintos lugares del país ocurrieron hechos violentos relacionados con la jornada electoral que dejaron un saldo trágico de fallecidos superior a la docena, así como múltiples heridos y detenidos. El primer anuncio oficial de balance de la jornada tuvo, además, un formato muy ajeno a lo que debería ser una jornada cívica por excelencia. Transgrediendo el carácter civil de todo proceso electoral en una sociedad democrática, ese primer balance fue presentado por un grupo exclusivamente de militares, en traje de campaña y debidamente armados, para anunciarle al país que ellos aseguraban la “autoridad democrática” en el país y que los hechos violentos no quedarían impunes.

Con preocupación y angustia el OEV reitera lo ya dicho en oportunidades anteriores: con la ANC electa ayer los problemas reales de la sociedad venezolana, económicos, sociales, políticos no parecen avanzar en su superación. Muy por el contrario, una ANC excluyente y sectaria aleja la posibilidad que, con la participación de todos, se supere la crisis que hoy nos agobia. Todavía hoy se debe afirmar que no se requiere una nueva constitución, debemos todos cumplir la vigente.

31 de julio de 2017

A 48 horas de la elección a la Asamblea Nacional Constituyente, el país se enfrenta a una nueva redacción de su más importante pacto de convivencia, la Carta Magna de 1999. Es resultado de una iniciativa presidencial que, como ha sido señalado con abundancia de argumentos, es ilegítima, agrava el grado de conflictividad reinante y no ayuda a resolver la grave crisis política, económica, y social, además de contar con el rechazo de la mayoría de los venezolanos (como se mostró con la consulta popular del 16 de julio).

La elección se llevará a cabo sin cumplir los estándares mínimos de una elección confiable y transparente. En efecto, conviene mencionar que el CNE está llevando a cabo la mencionada iniciativa, a través de un proceso que presenta numerosas irregularidades: eliminó del cronograma 14 auditorías previstas para generar confianza en el Sistema Automatizado de Votación, redujo el número de mesas electorales a casi la mitad, habilitó centros de contingencia que no aseguran el principio de “un elector, un voto” y avaló unas Bases Comiciales excluyentes y discriminatorias, que no fueron sometidas a referendo consultivo.

Lea también: CNE elimina 14 auditorías y debilita el sistema electoral

Con inusitada celeridad, el Poder Electoral dio respuesta a la propuesta del Ejecutivo en cuatro horas y estableció que ejecutarla demoraría solo 60 días. Un profundo contraste con la organización del referendo revocatorio –solicitado por la oposición en el primer cuatrimestre de 2016– cuando estableció que requeriría más de 300 días, a pesar de que se trataba de una elección bastante más sencilla.

Así, el CNE para esta elección suprimió del calendario electoral 70 actividades y llamó a postularse antes de concluir la discusión del texto presentado por el presidente Nicolás Maduro y antes de publicar formalmente la convocatoria, como lo establece el artículo 42 de la Ley Orgánica de Procesos Electorales. Inclusive, aunque no previó un período de subsanación del Registro Electoral, permitió a candidatos oficialistas hacer modificaciones a última hora, trasladándolos de un centro de votación a otro.

Lea también: Constituyente contracorriente

El CNE también aprobó la sectorización del voto, un mecanismo inédito a través del cual se elegirán 31,7% de los constituyentes con sub-registros proporcionados por organismos gubernamentales y no fueron posteriormente auditados. De igual forma, descartó todo principio de proporcionalidad bajo el criterio de municipalización, con el cual los votos en algunos municipios tienen más valor que en otros: mientras en Zulia, el estado más poblado del país, se elegirán 22 diputados territoriales, en el estado Táchira, con poco más de la cuarta parte de la población zuliana, se elegirán 30 diputados.

Las bases comiciales, adicionalmente, permiten que unos electores tengan dos votos (territorial y sectorial), mientras otros uno solo, discriminando ilegítimamente a los ciudadanos en electores de primera y de segunda. Igualmente, se prescindió del tarjetón electrónico, haciendo que no todos los candidatos puedan ser identificados claramente con nombre y apellido, sino con un número.

Difícil pensar, visto lo anterior, que el acto que se llevará a cabo el próximo domingo 30 de julio, mediante el cual se va a una Asamblea Nacional Constituyente, arroje resultados confiables. Por todo lo señalado, el OEV considera que se trata de una iniciativa ilegítima y poco democrática que, encima, se lleva a cabo contrariando condiciones establecidas para realizar procesos electorales.

A continuación una lista de irregularidades:

1) No se sometió a referendo consultivo y se confundió “iniciativa” con “convocatoria”.
2) Las Bases Comiciales fueron debatida, de acuerdo a anuncios oficiales, por no más de 600.000 personas en 20 días, apenas el 3,08% del Registro Electoral. Solo alrededor del 20% de la población electoral manifiesta estar dispuesta a acudir a la votación, según diversos sondeos de opinión.
3) CNE priorizó velozmente la nueva propuesta constituyente frente a las elecciones regionales, mandato constitucional pendiente desde diciembre de 2016.
4) CNE aprobó dos mecanismos de votación inéditos e ilegales: sectorialización, que no incluye a toda la población electoral y cuyos sub-registros permanecen sin auditar, y municipalización, cuya distribución permite que votos en determinadas zonas resulten más valiosos que en otras (desequilibrio que se denomina “malaproporcionamiento”).
5) CNE eliminó 70 actividades del cronograma, entre las más importantes se cuentan:
-La campaña institucional
–  Fase de consulta, impugnación y solicitud de incorporación al Registro Electoral (RE). Aunque sí permitió a candidatos oficialistas hacer modificaciones a última hora, trasladándolos de un centro de votación a otro.
– Operativos o jornadas especiales de inscripción y actualización del RE.
– Fase de catastro: revisión y visita de los centros de votación.
– Subsanación de los recaudos y presentación de alegatos o pruebas contra postulaciones.
– Sorteo de posición y elaboración de las boletas: arte e impresión (producción) de los tarjetones válidos y no válidos.
– Convocatoria, notificación  y adiestramiento de los miembros de mesa.
– Acreditación de testigos de partidos políticos, observadores nacionales y acompañantes internacionales.
6) CNE llamó a postularse antes de hacer formalmente la convocatoria, publicar el cronograma de actividades y publicar los sub-registros sectoriales. Además, se planificaron otras actividades previas a la convocatoria, las cuales carecen de validez legal, como la capacitación del personal electoral (miembros de juntas electorales y operadores).
7) El ente también eliminó la validación biométrica como requisito para postularse. Así, cada pre-candidato debió recolectar de forma manual el 3% de las firmas electorales, las cuales fueron revisadas en apenas cinco días, no fueron digitalizadas ni publicadas.
8) CNE suprimió 14 auditorías del cronograma, entre ellas:
– Auditorías de huellas de electores
– Del Sistema de Información al Elector
– De la infraestructura electoral
– De la verificación ciudadana, incluyendo el escrutinio en mesas electorales una vez finaliza el acto de votación
– De la transmisión de resultados
– Del Registro Electoral y de los ocho nuevos sub-registros sectoriales
– De la base de datos de los elegibles a los organismos electorales subalternos
– De datos y código fuente del Sistema de Autenticación del Votante (SAV)
9) CNE prescindió del tarjetón electrónico, en el que los candidatos no serán identificados con nombre, apellido y foto, sino con un número. Además, eligió arbitrariamente el número de cada candidato, priorizando unos sobre otros.
10) Los partidos fueron excluidos del proceso. Se les prohibió la postulación de candidatos.
11) No penalizó los abusos televisivos durante la campaña, el lenguaje agresivo, ni las amenazas a empleados públicos, especialmente las relacionadas al Carnet de la Patria como nuevo instrumento para controlar a los votantes. El CNE nunca aclaró cuáles serían las fuentes de financiamiento de los candidatos en esta oportunidad.
12) Se redujo el número de mesas electorales a casi la mitad, que pasaron de 40.601 instaladas para las parlamentarias de 2015 a 24.139 mesas este 2017; mientras que se mantuvo la misma cantidad de centros de votación (14.515, pese a que algunos de ellos no pudieron ser tomados por el Plan República).
13) Fueron habilitados centros de contingencia, se anunció a última hora que los electores podrían votar en cualquier centro de su municipio y se eliminó la tinta indeleble; elementos que no aseguran el principio de “un elector, un voto”.

En suma, el OEV considera que la ANC no es solo una iniciativa cuestionada desde el punto de vista legal, sino que, adicionalmente, se llevara a cabo mediante un proceso que, por las razones arriba indicadas, no cumple con las condiciones necesarias para ser confiable.

El pasado domingo tuvo lugar la Consulta Popular, convocada por la Asamblea Nacional con el fin de que los ciudadanos se pronunciaran en torno a la conveniencia de llamar a una Asamblea Nacional Constituyente, el papel que deben cumplir las Fuerzas Armadas y de llamar a un gobierno de entendimiento nacional. Fue una consulta realizada para llenar el vacío creado por la de decisión del CNE de no convocar a los ciudadanos para que se pronunciaran sobre la iniciativa presidencial de convocar a una Asamblea Nacional Constituyente.

De acuerdo al trabajo de observación efectuado por el Observatorio Electoral Venezolano (OEV), cuyo informe final será publicado en los próximos días, la tranquilidad y el orden marcaron el tono dominante del proceso realizado. Lamentablemente hubo algunos incidentes en diversas partes del país, en dos de los cuales falleció una persona y hubo varios heridos, en hechos que presuntamente tuvieron como responsables a persona que intentaron sabotear el evento.

Además de fundamentalmente pacífico, se observó que fue un evento al que, a pesar de los obstáculos, acudieron muchos ciudadanos. Además de las dificultades organizativas y técnicas, derivadas de la premura con la que tuvo que organizarse el proceso, sufrió obstrucciones de parte del oficialismo, expresadas de diversas maneras. En particular a través de mensajes permanentes desde los medios de comunicación tendientes a descalificar la consulta y sembrar el miedo, así como el chantaje a los empleados públicos y a los beneficiarios de los CLAPS y otras misiones, con el propósito de que no se hicieran presentes en los lugares de consulta. E incluso, a última hora hubo un anuncio de CONATEL limitando la libertad de información respecto al evento. Sin embargo, y a pesar de ello, de acuerdo a las cifras dadas por los convocantes, ma´de 7.650.000 venezolanos acudieron a los centros dispuestos en todo el país y en muchas ciudades del exterior a fin de consignar sus respuestas. Fue, sin duda, una rebelión ciudadana, expresión de la voluntad de paz de los venezolanos y de su convicción democrática.

Más allá de los injustos y, sobre todo, absurdos reparos sobre la veracidad de la cifra mencionada, la participación masiva de los ciudadanos debería cambiar las coordenadas que actualmente marcan la política nacional. Considera el OEV que nuestra sociedad aspira que los diversos actores, tanto del lado del gobierno, como de sus opositores, revisen los códigos desde las que leen el país y redefinan los próximos pasos de cara a la grave crisis venezolana. Los venezolanos que participaron en la consulta así lo reclaman y exigen.

OEV 17 de JULIO 2017

 

El próximo domingo tendrá lugar una Consulta Popular, convocada por la Asamblea Nacional, con el propósito de que los ciudadanos se pronuncien en torno a la conveniencia de convocar una Asamblea Nacional Constituyente. Se trata de una Consulta que hubiese sido muy conveniente que quien la organizara hubiese sido el CNE al momento de que el Presidente Maduro presentó su iniciativa, pero este organismo prefirió darle luz verde, soslayando la soberanía popular.

Esta Consulta, como ya dijimos, ha sido convocada por la Asamblea Nacional con el respaldo de diversos sectores políticos y sociales. Se trata de un proceso propuesto inicialmente desde la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) y que cuenta con la ayuda de ciudadanos organizados para ello. Encima de las dificultades que representa la necesidad de armar una plataforma de manera acelerada, esta propuesta ha sufrido la obstrucción evidente del gobierno y de sus partidarios, expresada de diversas maneras, en particular a través de un discurso agresivo que incluye la amenaza física, así como el chantaje hecho a los empleados públicos y a los beneficiarios de los CLAP que tenga el propósito de presentarse en los centros de votación. Y por si fuera poco, cabe hacer mención, del anuncio de CONATEL restringiendo la libertad de información respecto al evento propuesto por la Asamblea Nacional, prohibiendo, incluso, el uso de la expresión Consulta Popular. Por otro lado, cabe advertir la realización, para el mismo día, de un simulacro electoral por parte del CNE, gesto que no resulta recomendable para la paz colectiva, por decir lo menos.

El OEV considera que, más allá de la discusión planteada en torno a la validez jurídica de esta iniciativa, lo cierto es que se trata de un hecho político muy significativo, cuyas consecuencias sobre el curso próximo de la sociedad venezolana resulta imposible de soslayar.

Es importante que todos pongamos el empeño necesario para lograr que el proceso convocado tenga lugar en paz y que el pueblo venezolano pueda decidir libremente, sin coerción y amenazas su asistencia a un acto que debe ser entendido como absolutamente normal dentro de la democracia.

OEV, 14 07 17